El capitán Zárate: un soldado caído en el campo de batalla de Ayacucho

 

Sabemos que la mayoría de los soldados que integraron los ejércitos durante la guerra de Independencia pertenecía a las clases populares, reflejando la composición mayoritaria de la población de pardos en la entonces provincia de Caracas o Venezuela. En nuestra historiografía nacional, poco a poco se ha rescatado el protagonismo de estos hombres y mujeres. Según el historiador Clément Thibaud (2003:237), el motivo de este descuido radica en que «es muy molesto reconocer que el “pueblo profundo” de los llanos venezolanos luchó primero por España antes de apoyar a la república, sin que ninguna razón clara y decisiva se pueda invocar para explicar este cambio de lealtades».

A continuación, presentamos una aproximación a la figura de un soldado pardo llamado Evaristo Zárate, quien, como muchos de su condición social, permanece en el anonimato, pese a que su sangre, junto con la de otros, cubrió los diferentes campos de batalla durante la lucha armada por la Independencia de Venezuela e incluso fuera de ella. Cabe advertir que esta breve reseña es preliminar y requiere mayor profundidad y tiempo para rastrear las huellas de este personaje histórico, ya que existen más interrogantes que certezas sobre sus actuaciones públicas o bélicas.

 

Nativo de San Joaquín de Mariara

En un oficio firmado por el brigadier Francisco Tomás Morales en el pueblo de San Joaquín de Mariara, con fecha 11 de marzo de 1818, y dirigido al general en jefe Pablo Morillo, Morales recomienda de manera particular al capitán Evaristo Zárate. Además, le manifiesta que, al hallarse abandonado el pueblo de Maracay, él se comportó con intrepidez al resistir a los independentistas, y afirma que Zárate es nativo de San Joaquín de Mariara (Real Academia de Historia, Signatura 9/7661, legajo 18, folios 143-143v.).

Esta afirmación no ha podido ser verificada, ya que no se encuentra ningún registro en los libros de bautismos de la parroquia de San Joaquín de Mariara (1782). Lo único que se ha encontrado es el bautismo de una hija llamada Úrsula María del Carmen, registrado el 25 de octubre de 1809, y nacida el 21 del mismo mes. En esta acta se consigna su condición de pardo, con el nombre de José Evaristo Zárate, y el nombre de su esposa, María Josefa Martínez. Sin embargo, también se registra el bautismo de María Josefa de Dolores Martínez (mestiza), quien nació el 20 de abril de 1793.

 

Pero, ¿quién fue Evaristo Zárate?

En un juicio llevado a cabo contra el capitán Evaristo Zárate, cuyo expediente se encuentra en el Archivo General de la Nación, podemos inferir algunos aspectos sobre la personalidad de este soldado. Zárate estuvo inicialmente en las filas realistas y, según la antigüedad registrada en el Regimiento Húsares de la Guardia de Colombia, ostentaba el rango de capitán (agregado) desde el 19 de marzo de 1821. Es importante tener presente esta fecha para comprender su trayectoria militar, ya que sugiere que se le respetó su rango al ingresar al ejército republicano.

El juicio fue promovido por Nicolás Viñas y Eusebio Lazo, quienes eran comisionados de justicia y vecinos del poblamiento de la Quinta Fundación de plantaciones de tabaco de Guaruto, ubicada entre el pueblo de Turmero (fundado en 1620) y el lago de Valencia. Los motivos del juicio fueron la difamación y las amenazas de muerte realizadas por el capitán Zárate contra ambas autoridades locales. Este hecho ocurrió en la noche del 26 de septiembre de 1821; es decir, apenas tres meses y pocos días después de la batalla de Carabobo.

De los testimonios de los testigos y de los demandantes podemos inferir lo siguiente:

1. Ambos litigantes conocían desde mucho antes al capitán Zárate, al igual que él los conocía. Es por ello que, en un oficio firmado por Viñas y Lazo, se hacen la siguiente pregunta: «¿Qué no se ha de temer de un hombre [Zárate] que en todas las épocas de los gobiernos de esta provincia ha practicado con la obra lo que ahora aún amenaza con las palabras?»

Recordemos que, en ese momento, se está estrenando el gobierno colombiano (1821-1830), en una provincia que había estado bajo control del gobierno realista desde 1814. Por tanto, ese comportamiento impropio, violento y amenazante del capitán Zárate no solo era de palabras, sino de acciones concretas que podrían calificarse como atrocidades, y lo seguía cometiendo, con el agravante de que ahora no era súbdito sino ciudadano. De tal manera que este cuestionamiento era razonable, en conocimiento de la procedencia y actuaciones de Zárate desde los años caóticos del inicio de la guerra por la disputa de la independencia. Por tanto, el prudente temor al capitán Zárate los obligó a mudarse con su familia a otro pueblo.

2. En medio de los insultos a alta voz, el comisionado Viñas señala que el capitán Zárate decía: «Que él es un jefe de la República, que no estaba hecho para tratar con sembradores de auyamas, caraotas ni tabaco». Esta actitud arrogante del capitán Zárate nos permite inferir dos cosas: la primera, que ciertamente debió participar en el ejército republicano en la acción de armas de la sabana de Carabobo, aun cuando no haya registro de su intervención. La segunda, el temprano desprecio de los hombres de armas por los civiles, que comienza durante la no concluida guerra y que se prolongará a lo largo de nuestra historia nacional y regional.

3. En la noche del 26 de septiembre, el capitán Zárate se encontraba acompañado de dos personas, y uno de ellos era su hermano llamado Santos Zárate. Este último protagonista nos hace inferir que podría ser el mismo personaje de la novela histórica Zárate (1882) del reconocido escritor patriótico Eduardo Blanco, autor de Venezuela Heroica (1881), quien reseña a un bandolero con el mismo nombre en el ambiente de fechorías de los Valles de Aragua en 1825. Es posible que, a diferencia del capitán Zárate que continuaría su aventura guerrerista, Santos optara por dirigir una banda de bandoleros que, entre mitos y realidades, aún estaba en la memoria de los hombres de la segunda mitad del siglo XIX.

 

De los Valles de Aragua al Perú

            Es bastante plausible que el capitán Zárate, en el momento del levantamiento del sumario del juicio en su contra, estuviera acompañando al coronel Laurencio Silva en la formación de un escuadrón de Húsares en Maracay que, según Lecuna (1960:64) en su Crónica Razonada de la Guerra de Bolívar, tomo III, se integraría con excelentes jinetes conformados por antiguos realistas rendidos en la batalla de Carabobo. En Ocumare de la Costa, el capitán Zárate se embarcaría con las tropas al mando de Silva rumbo a Santa Marta para participar en la organización de la campaña del Sur. 

Al final de su vida, el capitán Zárate perteneció al Ejército Colombiano Auxiliar del Perú, en el Regimiento de Húsares de la Guardia de Colombia, que después del triunfo de la batalla de Ayacucho pasó a llamarse Regimiento de Húsares de Ayacucho (9 de septiembre de 1825), debido a «su intrepidez y valor». Este regimiento estaba dirigido por el coronel Laurencio Silva. 

En la documentación recopilada por el general Carlos Cortes Vargas en su libro Participación de Colombia en la libertad del Perú (tomo III, segunda edición 1947), encontramos algunas informaciones sobre el capitán Zárate, con ciertas contradicciones que sugieren que pudo haber habido dos capitanes con el mismo nombre o errores de fecha en el momento de la transcripción. 

Lo cierto es que, a pesar de que el capitán Zárate no figura en la lista de los muertos de la batalla del 9 de diciembre, publicada el 14 de diciembre, en la relación de oficiales muertos en la campaña del Perú por el mariscal Antonio José de Sucre, fechada el 27 de diciembre de 1824, entre los cuatro capitanes Húsares aparece Evaristo Zárate con su correspondiente montepío a pagar a su familia (501 pesos y 2 reales). 

 

A manera de conclusión

Sin duda, el capitán Evaristo Zárate representa a esa masa popular hundida en el anonimato, que se aventuró en la búsqueda de laureles o fue arrastrada por una realidad social de subsistencia o de movilidad socioindividual como única alternativa. Sin embargo, antes, durante y después, la discriminación social por el color de la piel se mantuvo. Los héroes se encuentran en aquella élite que logró sobrevivir o entre aquellos que, desde lejos, comandaron los ejércitos.

 

San Joaquín, 9 de diciembre de 2024.

  

Evencio Díaz

Cronista Municipal

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